jueves, 20 de noviembre de 2008

LA NECESIDAD DE SER NECESITADAS

LA NECESIDAD DE SER NECESITADAS

Es una mujer de buen corazón
enamorada de un oportunista
lo ama a pesar de sus modales perversos
que ella no entiende
Mujer de buen corazón

“No sé cómo lo hace todo. Yo me volvería loca si tuviera que soportar todo lo que soporta ella”.
“¡Y nunca la oí quejarse!”
“¿Por qué lo tolera?”
“De todos modos, ¿qué ve en él? Podría llevar una vida mucho mejor”

La gente tiende a decir esta clase de cosas sobre una mujer que ama demasiado, al observar lo que parecen ser sus nobles esfuerzos por mejorar una relación aparentemente insatisfactoria. Pero las pistas que permiten explicar el misterio de su devoto apego, por lo general se pueden encontrar en las experiencias que tuvo cuando era niña.

La mayoría de nosotras creemos y continuamos en los papeles que adoptamos en nuestra familia de origen.Para muchas mujeres que aman demasiado, esos papeles a menudo implicaban negar nuestras propias necesidades e intentar satisfacer las de otros miembros de la familia.

Tal vez las circunstancias nos obligaron a crecer demasiado rápido, a asumir prematuramente responsabilidades de adultas porque nuestra madre o nuestro padre estaban demasiado enfermos física o emocionalmente para cumplir con sus funciones propias.O quizás alguno de nuestros padres estuvo ausente debido a su muerte o a un divorcio y nosotras tratamos de tomar su lugar, ayudando a cuidar tanto a nuestros hermanos como al progenitor que nos quedaba.

Tal vez nos convertimos en la madre de la familia mientras nuestra madre trabajaba para mantenernos. O quizá vivimos con ambos padres, pero debido a que uno de ellos estaba furioso o frustrado o infeliz y el otro no reaccionaba a eso con apoyo, nos encontramos en el papel de confidentes, oyendo detalles de su relación que eran demasiada carga para que pudiéramos manejarla emocionalmente.Escuchábamos porque teníamos miedo de las consecuencias que podrían aquejar al progenitor que sufría si no lo hacíamos, y miedo de la pérdida de amor si no cumplíamos el papel que nos había tocado en suerte. Por eso no nos protegíamos, y nuestros padres tampoco nos protegían, porque necesitaban vernos más fuertes de lo que éramos en realidad.

Si bien éramos demasiado inmaduras para esa responsabilidad, terminamos protegiéndoles a ellos.Al ocurrir esto, aprendimos a edad demasiado temprana y demasiado bien a cuidar de todos, menos a nosotras mismas.Nuestra propia necesidad de amor, atención, cariño y seguridad quedó insatisfecha mientras fingíamos ser más poderosas y menos temerosas, más adultas y menos necesitadas, de lo que realmente nos sentíamos.

Y habiendo aprendido a negar nuestro propio anhelo de que nos cuidaran, crecimos buscando más oportunidades de hacer lo que habíamos aprendido a hacer tan bien: preocuparnos por las necesidades y exigencias de los demás en lugar de admitir nuestro miedo, nuestro dolor y nuestras necesidades insatisfechas.

Hace tanto tiempo que fingimos ser adultas, que pedimos tan poco y hacemos tanto, que ahora nos parece demasiado tarde para esperar nuestro turno, entonces seguimos ayudando, con la esperanza de que nuestro miedo desaparecerá y nuestra recompensa será el amor.

La historia viene al caso como ejemplo de la manera en el que el hecho de crecer demasiado rápido con demasiadas responsabilidades – en este caso, la de reemplazar a un progenitor ausente – puede crear una compulsión a atender a los demás.
Texto Extraido del libro Mujeres que aman demasiado

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